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El haiku es un poema breve que, tradicionalmente, en apenas tres versos debía condensar una intensa vivencia. El arte del haiku consiste en transmitir con la mínima expresión, la esencia de una realidad captada - que no capturada - en la inmediatez de un instante. Consciente de que la singularidad de lo vivido es refractaria al lenguaje y a sus convenciones y que la realidad siempre trasciende la palabra que la traduce, la traiciona y sacrifica, el poeta ha de fijar su experiencia en el verso como a un águila la flecha, en pleno vuelo ...
Hay veces en que algo de esa realidad de la que formamos parte con todo aquello que nos rodea nos atraviesa y sabemos que hemos tocado la fibra más íntima, aquella justamente en la que vibra al unísono lo que vemos, lo que hay, lo que percibimos y lo que somos …
Pura y simplísima expresión de algo que, igualmente simple, se percibe en toda su inmensidad, el haiku ha de poder transmitir sin aspavientos para que pueda ser recuperado por un corazón atento …
La mejor definición del haiku fue, probablemente la que dio Bashô (1644-1694), el monje viajero: Haiku es simplemente lo que está sucediendo en este lugar, en este momento. Pero el hecho de que el poeta se fije en un detalle aparentemente insignificante nos invita a sospechar la inmensa extrañeza de lo usual, su carácter sagrado …
Cuando la mente ve a partir del tacto sin proyectar lo ya sabido, es decir, las síntesis performadas por la reiteración, entonces, se vuelve inocente y ad-mira. Y lo que ve está presente …
La contemplación que el haiku propicia es un estado de presencia, aquel estado en el cual lo que se vive es puro acontecimiento. De esta manera, el haiku es mucho más que un modo de expresión; es ante todo, una forma de mirar, una forma de estar y, por tanto, un modo de vida …


Chantal Maillard. Orinar en la nieve. Ed. Miraguano. Madrid. 2006
 
 
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PATRICIA BONET
120*120. Óleo sobre madera
AZUL 2009.2010
 
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