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El monje se halla absorto contemplando el mar, abrumado por el gran ruido del silencio, seducido por su belleza. Cielo, Mar y Tierra, tres franjas infinitas, empequeñecen, minimizan la presencia del solitario pensador. Su antigua grandeza se pierde en el horizonte y le es devuelta por  el mar de manera desasosegada, en forma de tormenta jupiteriana.  La inmensidad crepuscular le causa nostalgia, le deja un vacío asfixiante, le enmudece reduciéndole hasta la negación.
Tras la aventura del Renacimiento y de la Ilustración, vencido por el Dios de la Razón, ahora el hombre percibe una nueva angustia más desmesurada que la Medieval: su centralidad en el universo ha sido desplazada, se auto-expulsó  y ha roto su conexión con la naturaleza. Ahora deambula como un náufrago errante en su seno. Es el trágico testimonio del cambio desgarrador acaecido en el sentir del hombre moderno. Tan sólo queda la bruma crepuscular, ese deseo de retorno asfixiado por la impotencia de la conciencia. O quizás, tras la cortina de nubes, un latente nuevo amanecer sobreviva gozoso.

Rafael Argullol. La atracción del abismo. Un itinerario por el paisaje Romántico. Ed Destino. Barcelona 1991.
VVAA. Historia de las Ideas Estéticas y de las Teorías Artísticas Contemporáneas, Volumen I. Ed. Visor. La Balsa de la Medusa. Madrid. 2000
 
 
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CASPAR DAVID FRIEDRICH. 1774-1840
110*171. Óleo sobre lienzo
MONJE CONTEMPLANDO EL MAR. 1808-1810.
 
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