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Credo del creador
El arte no reproduce lo visible; vuelve visible. Y el dominio gráfico, por su misma naturaleza, empuja fácilmente y con razón hacia la abstracción. Lo maravilloso y el esquematismo, propios de lo Imaginario, se encuentra allí dados de antemano y, al mismo tiempo, se expresan con una gran precisión. Cuanto más puro es el trabajo gráfico, es decir, cuanta más importancia se da a los cimientos formales de una representación gráfica, más disminuye el aparato propio de la representación realista de las apariencias.
El arte puro supone la coincidencia visible del espíritu del contenido con la expresión de los elementos de forma y del organismo formal. Y en un organismo, la articulación de las partes que concurren en el conjunto descansa en relaciones manifiestas, basadas en números simples…
Los elementos específicos del arte gráfico son puntos y energías lineales, planas y espaciales…
Los Elementos deben producir Formas, pero sin sacrificar a ellas su integridad. Preservando su integridad. Preservando su identidad.
Un enriquecimiento tal de la orquesta de las formas multiplica de modo ilimitado las posibilidades de variación y, conjuntamente, las posibilidades ideales de expresión…
En el comienzo está el Acto; pero por encima está la Idea. Y puesto que lo infinito no tiene comienzo determinado sino que, como el círculo, es sin comienzo ni fin, se debe admitir la primacía de la Idea…
Todo devenir descansa sobre el movimiento. En el “Lacoonte”, Lessing da gran importancia a la diferencia entre el arte del tiempo y arte del espacio. Pero, mirándolo bien, eso no es más que una ilusión sabia. Pues el espacio es también una noción temporal…
El factor tiempo interviene desde que un punto entra en movimiento y deviene línea. Así como una línea engendra una superficie al desplazarse. Aún del mismo modo para el movimiento que lleva de las superficies a los espacios…
Solamente el punto muerto es intemporal…
El relato bíblico de la Génesis ofrece una buena parábola del movimiento, recibiendo de este modo la Creación una dimensión histórica. Igualmente la obra de arte es en primer lugar génesis; jamás se la capta meramente como producto…
De igual modo, en el espectador la actividad principal es temporal. El ojo está construido de tal manera que suministra fragmentos sucesivos a la cavidad ocular. Para ajustarse a un nuevo fragmento, debe abandonar el antiguo. Acaba por detenerse y prosigue su camino, como el artista. Si le parece bien, regresa, como el artista.
En la obra de arte se preparan caminos al ojo del espectador que explora, tal como un animal pastorea la pradera…La obra de arte nace del movimiento, ella misma es movimiento fijado, y se percibe en movimiento…
(La principal desventaja de quien la contempla o la reproduce es que es puesto de golpe frente a un resultado y que no puede recorrer la génesis de la obra mas que a contrapelo. Sería absurdo por lo tanto suscitar en él dificultades suplementarias, en lugar de un goce…La obra musical tiene al ventaja de ser percibida exactamente en el orden de sucesión en el cual ella ha sido concebida, pero, durante audiciones repetidas, el inconveniente es provocar cansancio por el retorno regular de las mismas impresiones. La obra plástica presenta para el profano el inconveniente de no saber por dónde comenzar, pero para el aficionado sagaz, la ventaja de poder variar abundantemente el orden de lectura y de tomar conciencia así de la multiplicidad de sus significaciones.)…
En otros tiempos, uno representaba las cosas que se podían ver sobre la tierra, que le gustaba o que le hubiera gustado ver. Hoy en día, la relatividad de lo visible ha devenido una evidencia, y uno está de acuerdo en no ver allí más que un simple ejemplo particular de que habitan innumerables verdades latentes dentro de la totalidad del universo. Las cosas desvelan un sentido amplio y más complejo que a menudo invalida aparentemente el antiguo racionalismo. Lo accidental tiende a pasar al rango de esencia.
La integración de las nociones de bien y de mal hacen surgir la esfera ética. El mal no es ese enemigo que nos agobia o nos humilla, sino una fuerza que colabora en el conjunto. Partenaire en la procreación y evolución de las cosas. El estado de equilibrio ético definido como complementariedad simultánea de los principios originales masculinos y femeninos.
A esto responde la conjunción simultánea de las formas, movimiento y contra-movimiento o, mas ingenuamente, las oposiciones simultaneas de objetos….Toda energía suscita su complemento para realizar un estado de reposo inmóvil por encima del juego de fuerzas.
Partiendo de la abstracción de los elementos plásticos, pasando por las combinaciones que hacen de ellos seres concretos o cosas abstractas como las cifras o las letras, desembocamos en un cosmos plástico que ofrece tales semejanzas con la Gran Creación que no hace falta más que un soplo para que se actualice la esencia de la religión…
El arte es la imagen de la creación. Es un símbolo, tanto como el mundo terrestre es un símbolo del cosmos.
Desprender los elementos de forma, organizarlos en subdivisiones; la dislocación de este orden y la reconstrucción de una totalidad simultáneamente en todos los lados, la polifonía plástica, la obtención del reposo por el equilibrio del movimiento: otras tantas cuestiones importantes, decisivas para la ciencia de las formas, pero no todavía arte en el sentido supremo. En su sentido más alto, el misterio último del arte subsiste más allá de nuestros conocimientos más detallados; y a ese nivel, las luces del intelecto se desvanecen penosamente.
Es cierto que todavía se puede hablar racionalmente de los efectos y beneficios del arte; y decir que la imaginación, bajo la solicitud de los instintos, nos representa estados ficticios que sostienen y galvanizan algo más que los habituales lugares comunes terrestres o demasiado notoriamente sobrenaturales; decir que los símbolos reconfortan el espíritu al mostrarle que no hay más que las habituales posibilidades terrestres con su eventual intensificación; decir en fin que la seriedad ética va a la par con la risa local de los ángeles respecto a doctos y pontífices.
Pues a la larga, la realidad establecida, aún intensificada, no hace al asunto. Ninguna realidad dada, incluso superior, puede satisfacernos. Dejemos el mundo cotidiano y también las ciencias ocultas, ellas no tienen nada que ver aquí. El arte atraviesa las cosas, lleva más allá de lo real tanto como de lo imaginario.
El arte juega sin sospecharlo con realidades últimas y sin embargo las alcanza efectivamente. Del mismo modo que un niño nos imita con sus juegos, nosotros imitamos en el juego del arte las fuerzas que han creado y crean el mundo.
¡De pie, hombre!. Disfruta de este verano: cambia de aire y de horizonte, desvia la atención en un mundo que dispersa fuerzas para el ineluctable retorno de la monotonía de lo cotidiano; mucho mejor: abandona su velo de luto y, por un momento, creerse Dios; alegrarse sin cesar con el pensamiento de las próximas vacaciones en las que el alma podrá sentarse a la mesa, nutrir sus nervios hambrientos y llenar de sabia fresca sus vasos desfallecientes.
Déjate llevar hacia este océano vivificante a través de vastos ríos, o por arroyos llenos de encantos como los aforismos del dominio gráfico con su múltiples ramificaciones.

Vías diversas en el estudio de la naturaleza
En el diálogo con la naturaleza sigue siendo para el artista condición sine qua non. El artista es hombre; es él mismo naturaleza, trozo de naturaleza en el área de la naturaleza.
La variedad en número y en género de los caminos tomados por el hombre en la creación artística así como en el estudio conjunto de la naturaleza dependen únicamente de su actitud para con el espacio del que disfruta el interior de la esfera.
Estos caminos aparentan a menudo una novedad absoluta, sin serlo tal vez en lo fundamental. Sólo su combinación es nueva. O aún la verdadera novedad reside en el número y en el género de los caminos en comparación a los de ayer.
Eso no quita que la novedad en relación al ayer es un signo revolucionario, incluso si eso no basta aún para hacer tambalear el gran mundo antiguo. O hay que rebajar la alegría que inspiran las vías nuevas; pero el vasto campo de la memoria histórica debe guardarnos de una búsqueda compulsiva de la novedad a costa de lo natural.
El credo artístico de ayer y el estudio de la naturaleza ligado a él consistían en lo que bien puede llamarse un estudio arduamente detallado de las apariencias. El YO y el Tú, el artista y el objeto, buscaban comunicarse por vía físico-óptica a través de la capa de aire que separa el Yo del Tú. De esta forma se obtuvieron excelentes vistas de la superficie del objeto filtrada por el aire. Un arte puramente óptico se elabora así hasta la perfección, mientras que el arte de contemplar y de volver visible impresiones no físicas permanece dejado de lado.
Sin embargo no es oportuno despreciar las conquistas de la ciencia de lo visible, simplemente es preciso ensancharlas.
La sola vía óptica ya no responde enteramente a las necesidades de hoy, del mismo modo que ella solo no satisfacía las de anteayer. El artista, hoy por hoy, es mejor en sutileza que un aparato fotográfico, posee mayor complejidad, mayor riqueza, y dispone de mayor libertad. Él es una criatura obre la tierra, y criatura del Universo: criatura sobre un astro entre astros…
A través de nuestro conocimiento de su realidad interna, el objeto deviene mucho más que su simple apariencia. A través de nuestro conocimiento de que la cosa es más de lo que su exterior permitiría pensar…
La suma de las experiencias así realizadas arrastra al Yo a concluir desde el exterior del objeto sobre su interior. intuitivamente, pues ya la percepción de la superficie de las cosas incitaba a conclusiones afectivas capaces de profundizar de manera más o menos diferenciada, siguiendo su dirección, la impresión recibida de las apariencias, para cambiarla en penetración de las funciones…
Más allá des estas maneras de considerar el objeto en profundidad otros caminos llevan a su humanización al establecer entre el Tú y el Yo una relación por resonancia que trasciende toda relación óptica. En primer lugar, la vía de un común enraizamiento terrestre que se apodera del ojo desde lo bajo. En segundo lugar, la vía de una común participación cósmica que sobreviene desde lo alto. Vías metafísicas en su conjunción…
Una observación suplementaria podría no obstante aclarar nuestro propósito: la vía inferior pasa por e orden estático y produce formas estáticas, mientras que la vía superior pasa por el orden dinámico. En la vía inferior, sometida a la gravitación terrestre, residen los problemas del equilibrio estático, cuya divisa podría ser “permanecer de pie contra todas las ocasiones de caer”. A las vías superiores conduce la aspiración de franquear las ligaduras terrestres para alcanzar más allá del nadar y el volar, la libre movilidad.
Todos los caminos se encuentran en el ojo, en un punto de unión desde donde se convierten en forma para desembocar en la síntesis de la mirada exterior y de la visión interna. En ese punto de unión se arraigan formas trabajada por la mano que se apartan enteramente del aspecto físico de objeto y que sin embargo –desde el punto de vista de la Totalidad- no lo contradicen.
Las impresiones recogidas sobre las diferentes vías y convertidas en obra informan al que estudia la naturaleza sobre el grado alcanzado en su diálogo con el objeto.
Su progreso en la observación y en la visión de la naturaleza le hace acceder poco a poco a una visión filosófica del universo que le permite crear libremente formas abstractas. Superando el esquematismo de los que se desean demasiado, estas formas alcanzan una nueva naturalidad, la naturalidad de la obra. Así el artista crea obras, o participa en la creación de obras que son a imagen de la obra de Dios.
Notas para las vías diversas en el estudio de la naturaleza:
La naturaleza de la totalidad cósmica es un dinamismo sin comienzo ni fin. Los problemas de estática no aparecen mas que en ciertas partes del conjunto, en los “edificios”, en la superficie de los cuerpos celestes tomados por separado. Nuestra adherencia a la corteza terrestre no impide tomar conciencia de ello. Pues se sabe que normalmente toda cosa debería ir al centro de la tierra…
Podemos pues dar cuenta de “nosotros” como episodios en el seno del todo, un episodio sometido a la implacable ley de la plomada cuya coacción se relaja en el sentido del huevo o de la muerte. El imperativo estático de nuestra condición terrestre…en el que la gravitación impone un movimiento finito, conduce el movimiento hacia su fin al situarlo bajo la hegemonía del otro. El más fuerte atrae todo hacía él. Está animado por el movimiento y arrastra a su víctima en su curso. Pero el oprimido no se da cuenta de ello directamente; le hace falta ver cómo acondicionar su yugo, crearse poco a poco un área de movimiento susceptible, si está conscientemente organizada, de asegurarle una especie de autonomía.
Así crecen las plantas, así marchan o vuelan los animales o el hombre.

Exploración interna de la naturaleza: realidad y apariencia. 
Queremos ser exactos, sin serlo unilateralmente. Se trata de una proeza, pero no debe paralizarnos. El saber, tan lejos como sea posible, es precisión. Pero lo imaginario por su parte resta indispensable.
Buscamos no la forma sino la función. Queremos, aún allí, observar la mayor precisión posible. El funcionamiento de una máquina es una cosa; el funcionamiento de la vida es otra, y mejor. La vida crea y se reproduce. ¿Cuándo una máquina en uso ha tenido hijos?. Las cosas fundamentales de la vida poseen su principio en ellas mismas, su ser reside en la función precisa que ellas cumplen en eso que aún puede llamarse “Dios”. Las evaluaciones humanas se aproximan allí más o menos según el criterio empleado. De cualquier manera, no tardan en surgir límites.
La fórmula de la función está muy alejada pero, como punto original de emergencia, debe encontrarse en alguna parte. Según el principio de que “la obra se relaciona a su ley inherente como la Creación al Creador”, la obra crece a su manera a partir de leyes generales universales. Para ella no es la regla misma, no es universal por anticipado. La obra no es a ley, está por encima de la ley. Como proyección, como fenómeno, es una cosa finita con un comienzo y límites. Pero se asemeja a la ley infinita en que, incluso en su finitud, conserva algo imponderable. El arte como emisión de fenómenos, proyección del fondo original supra-dimensional, símbolo de la creación. Videncia. Misterio. Lo cual impide proseguir la búsqueda exacta.
Lo actual merece la benevolencia; el hecho presente no debe ser privado de sus derechos. Pero es preciso ajustarlo al Principio eterno subyacente a la sucesión del tiempo; a ese principio que, periódicamente entra en movimiento de lo manifiesto para volver al seno original donde conserva, aún en estado latente, una inmensa fecundidad: es preciso regular todo sobre los procesos de la naturaleza y su ley. Esto defiende contra el envejecimiento. Pues todo pasa y, en nuestros días, pasa rápidamente. No definimos el presente dado como tal, lo definimos en el pasado el futuro; lo precisamos ampliamente, en una perspectiva multilateral. Definir aisladamente el presente es matarlo.
El formalismo es la forma sin función. Vemos hoy en día a nuestro alrededor todo tipo de formas exactas. Quiéralo o no, el ojo engulle cuadrados, triángulos, círculos…Los formalistas provocan la admiración de la multitud e no-iniciados. En completa oposición a la forma viva…
El iniciado presiente el punto original de vida. Posee algunos átomos vivientes, posee cinco pigmentos vivos: los elementos de forma, y conoce un pequeño sitio gris desde donde puede lograr al salto del caos al orden.
Él presiente lo que es la creación. Tiene algunas ideas sobre el acto original. Es hábil en hacer entrar las cosas en el movimiento de la existencia y, movilizado él mismo, volverlas visibles. Ellas retienen el trazo de su movimiento, y es la magia de la vida. Y para los demás, la magia de revivir esto.
La metalógica concierne a la sonrisa, la mirada, el olor, todo el abanico de las seducciones entre el bien y el mal. La búsqueda de las bases funcionales no ha de cesar, no se interrumpe jamás, y sin embrago se choca aún hoy con muchos límites. ¡Quizás Dios sea alabado!. Pues frente al misterio, el análisis se descompone apocado. Pero el misterio es el acceder a él participando en la creación de las formas.

Paul Klee. Teoría del arte Moderno Ed. Cactus. Serie Perenne. Buenos Aires. 2008
 
 
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PAUL KLEE 1879-1940
83*67. Óleo sobre tela
CAMINOS PRINCIPALES Y CAMINOS LATERALES 1929
 
 
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